. ..::: Historias muy reales :::.. .

martes, julio 21, 2015

.:: Esa moneda girando ::..

Cuando todo está dicho. La respiración se hace profunda y el corazón se agita. Sentis el frio de la pared a tus espaldas. Levantas los talones pensando poder ir más atrás. Es el preciso instante cuando caes en la cuenta que no hay nada más por hacer. Estás jugado, con todas las cartas en la mesa y las cosas se vuelven a suerte y verdad. Es el momento en que la moneda toma altura. Gira sobre su eje horizontal. Escala en el espacio y mira el zenit alternadamente con ambas caras con una sincronía perfecta. Continúa su ascenso. Hasta alcanzar esa fracción de segundo, ese parpadeo, donde pareciera que el mundo se detiene. Ese momento donde se intuye que el giro finalmente se vuelve incompleto. Donde uno suma interrogantes y recuerda clases de física en el secundario. Es imposible que un cuerpo suba a un ritmo regular para llegar a la cima y desplomarse veloz y estrepitosamente. Si la energía del impulso ascendente es suficiente, ese momento de parálisis temporal y espacial debería ya haber dejado lugar a un nuevo giro. Pero esta vez en pautalino descenso. No como consecuencia de su propio peso, sino debido a la fuerza que la gravedad ejerció para vencer finalmente la potencia del vuelo y, en suma, empujar hacia abajo estos 5 centavos. Que retoman ritmo propio. Recuperando esa envidiable cadencia regular, haciendo gala de su liviandad. Pero ya alejandose del sol. Acercandose al final de su viaje. Calculando el aterrizaje final de esta acrobacia sin igual. Es el momento donde la distancia del objeto con su sombra se comienza a achicar. Una cuenta regresiva inevitable. Quizas teniendo al destino de cara y cruz como motor. Un aterrizaje que no tendrá medias tintas. Será éxito o fracaso, acierto o error. Aunque siendo sinceros, este culto al azar, adolescente y absurdo, no será más que la excusa para seguir un camino u otro, para tomar una decisión o la otra. Es menester tomar cartas en el asunto. Es imperante librarse de los lazos del destino para buscar en primera persona la ruta hacia la realización de los sueños. Para atacar las metas y objetivos hasta conquistarlos tarde o temprano, pero sin buscar atenuantes en lo externo, lo divino o lo azaroso. El momento es ahora. Antes que la moneda terminé de caer. Adelantá tu pierna izquierda con firmeza. Plantala ligeramente al costado de la línea vertical que describe la caida del vil metal. Y justo cuando desde el mas allá se estén frotando las manos por frenar la parábola hipnótica de la caída, acelerá el pié derecho. Ese que te quedó más retrasado. Buscá llevarlo con furia hacia adelante. Que supere el eje de tu cuerpo. Para que seas el testigo directo que vea a centímetros, como le das un voleo al destino, dando el primer paso en busca de tus sueños.

sábado, junio 06, 2015

::.. Siempre se espera un amor eterno ..::

Esas charlas en el autito azul, el solcito que nos bañaba al pié del Ombú de la cervecería, los helados de El Polo, las horas sentados en la plaza de Quilmes, los besos que nos dimos al pie de las columnas del Banco Hipotecario, los almuerzos juntos, tus lágrimas y mis angustias, nuestros sueños, nuestra química. La risa fácil de ambos frente a nuestros chistes tontos, el oído siempre dispuesto al metal y a las baladas de los Beatles, esa tarde en The Cavern que entraste llorando y nos fuimos de la mano después de generar aplausos de otros clientes que nos miraron horas hasta que nos besamos, ese día que te esperé toda la mañana en Agronomía hasta que salieras de rendir un examen y la tarde de ese mismo día tirados en el pasto abrazándonos al borde de la vía. Nuestras miradas cruzadas y la coincidencia de sentir que este amor era cosa seria, y esa diferencia en la que vos queres sacarme de tu vida y yo que te tengo para siempre guardada en mi corazón. Esperándote y volviendo a confesar este amor eterno.

viernes, mayo 22, 2015

.:: Lo inusual de una sonrisa ::..

Hay días que me despierto medio médico y busco la causa de algún dolor, otras mañanas arranco filósofo buscándole el sentido a la vida, pero hoy decididamente me desperté sociólogo. No tenía otra idea desde que abrí los ojos que pensar en la manera de comprobar mi hipótesis sobre la sonrisa, ¿notaron que es un gesto cada vez más inusual? Atrás de esa comprobación empecé mi día.
En cada estación del tren, en cada cuadra que caminaba hacia el trabajo buscaba llevar una estadística lo más clara posible, donde enumeraba la cantidad de personas que me cruzaba y trataba, a la vez, de llevar la relación existente entre ese número de gente y las sonrisas detectadas.
Obviamente la cantidad de gestos risueños era ínfima y si nos ponemos a hablar de los motivos que generaban esas pocas risas ganaba por amplia goleada el fútbol, seguido de cerca por el alcohol ingerido por algunos beodos cerca de Once, aunque esa variable debería al menos ponerla con un asterisco aclaratorio a la hora de las conclusiones. Por último, el tercer motivo de sonrisas detectado en este estudio de campo fue la complicidad de algunos trabajadores de la construcción riendo de las guarangadas que le decían a cuanta mujer pasaba por el frente de la obra.
Aunque poco académico, el muestreo era sociológicamente compatible con cualquier conclusión catedrática e incluso podría haber sido enunciada por doctorados o licenciados en la materia.
Mientras llegaba a la oficina, unas cuadras antes decidí dar por finalizado el trabajo de campo para realizar mentalmente las estadísticas que me lleven a la ratificación de la hipótesis. Paso tras paso redactaba en mi cabeza las conclusiones del ensayo, cuando me percaté que parado en la esquina esperando el cambio del semáforo un silencio se hizo dueño de la escena. Eran esos silencios que anteceden los momentos importantes. No pasaban autos, ni bicis. En esa cuadra ni gente caminando había, solo una chica con su bebé en brazos llegando a la otra esquina. Fue un segundo, pero ese silencio me ayudo a procesar más rapidamente los datos, y mientras comprobaba depresivamente la sentencia con la que se inicio este trabajo, un bullicio llegaba como una ola aproximandose a la costa.
Un micro escolar con su color naranja característico se aproximaba por Alsina desde el oeste. Por las ventanas se asomaban y se hacían escuchar nenes de la edad de mi hija mayor quienes, agitando las palmas de las manos y con sonrisas de oreja a oreja de a borbotones me robaron una sonrisa y se llevaron todo el trabajo realizado concienzudamente vaya a saber uno a donde. Y llegué al trabajo después de mucho tiempo con esa sonrisa!

martes, mayo 05, 2015

.:: Parrila "El buen provecho" ::.

Si se da la oportunidad de que seas dueño de una parrilla, y esperás que medianamente funcione bien, ¿vas a buscar un asador al que tienen que prenderle el fuego y es vegetariano? ¿o te gustaría que en ese lugar pueda estar un chef que se ocupa de mover las brasas y sabes que todos los domingos se clava flor de asado?
No hay mucha ciencia en la búsqueda de la respuesta. El vegetariano puede ser flor de tipo, pero si uno quiere que en la parrilla se coma bien resulta inevitable que cuentes con alguien que, al menos, conozca lo que significa comer la carne a punto o sequita.
Lo otro es esperar que la parrilla fracase o tomarle el pelo a la gente que, por snobismo, ignorancia o vaya a saber que, elige ser atendida por un tipo que no comparte, ni conoce las sensaciones de los comensales.
Eso sin contar que, si los clientes lo prefieren, el chef también puede seguir cocinando como el vegetariano, haciendo un pancho o una ensalada, pero la ventaja fundamental es que los que vienen a probar una buena parrillada se vayan pipones. Para asadores y parrillas berretas pueden ir a cualquier lado.
¡y que tengan buen provecho!

viernes, abril 17, 2015

A tientas (Mario Benedetti)

Se retrocede con seguridad
pero se avanza a tientas
uno adelanta manos como un ciego
ciego imprudente por añadidura
pero lo absurdo es que no es ciego
y distingue el relámpago la lluvia
los rostros insepultos la ceniza
la sonrisa del necio las afrentas
un barrunto de pena en el espejo
la baranda oxidada con sus pájaros
la opaca incertidumbre de los otros
enfrentada a la propia incertidumbre
se avanza a tientas / lentamente
por lo común a contramano
de los convictos y confesos
en búsqueda tal vez
de amores residuales
que sirvan de consuelo y recompensa
o iluminen un pozo de nostalgias
se avanza a tientas / vacilante
no importan la distancia ni el horario
ni que el futuro sea una vislumbre
o una pasión deshabitada
a tientas hasta que una noche
se queda uno sin cómplices ni tacto
y a ciegas otra vez y para siempre
se introduce en un túnel o destino
que no se sabe dónde acaba.

..:: Podremos ::..

¿Podremos caminar otra vez de la mano, respirando el perfume único y fresco de la felicidad generada simplemente por estar juntos? ¿Podremos determinar con una mínima precisión desde que momento exacto mi compañía se trastocó en dolor para tu corazón? ¿De algún modo se podrá cuantificar cuanto dolor te he generado en ese tiempo, en esos lugares, con esas palabras y con este mismo amor que sigo manteniendo? ¿podremos definir con claridad cuál es la dosis de amor que tu alma necesita para sirva de antídoto ante tanto mal?
Aunque el amor sea lo más lejano a la contabilidad, las matemáticas y los cálculos algebraicos...
¿podremos volver a acercarnos al menos para ponernos de acuerdo en eso?
¿podremos volver a acercarnos al menos para ponernos de acuerdo?
¿podremos volver a acercarnos al menos?
¿podremos volver a acercarnos?
¿podremos volver?
¿podremos?
¿podremos?
Podremos...
Podremos!

jueves, enero 29, 2015

.:: Caída del cielo ::.

Los sueños que pariste con tu llegada
siguen firmes después de tu partida.
Los recuerdos de aquellos días
son el susurro que dice es posible otra vida.
Una sonrisa, un abrazo,
una palabra, una mirada,
me diste cosas tan ricas y sencillas
y yo siento que no te pude dar nada.
Tu aparición fue un tornado
que le dio aire y vida a mi alma,
tu distancia arraso con todo
lo bueno, lo malo y mi calma.
Sentirme vivo con tu mirada,
tus ojos frescos color cielo,
hacen volar a cualquiera
que sienta el aroma de tu pelo.
Guerrera herida, llegaste cansada,
te cruzaste conmigo y, sin quererlo,
te atravesé otra estocada.
De cabo a rabo todo fue injusto
que llegues de esta manera,
y que nos alejemos con este mal gusto.
Hiciste todo por sacudirme,
lo lograste desde el primer intento,
el problema siempre fue mío,
por procesar todo tan lento.
Tu belleza dispara suspiros
a diestra y siniestra tras tus pasos,
cuando yo caiga en la cuenta
ya transitaré mi ocaso.
Fuiste el aire de mis días,
el sol de cada mañana,
el verde de este campo fértil
que convencido de tu mano paseara.
Soñé de mil maneras
el modo de ser felices
en verano y primavera,
pero jamas fue lo que hice.
La distancia y el silencio
son un par de crueles puñales
que me llegan hasta el hueso
y yo sigo sin tener tus señales.
Aún con tu partida,
con tus amenazas y puteadas,
sigo pensando vivir la historia
que helado en mano te contaba.
Un futuro sin problemas,
con sonrisas y cómplices miradas,
lejos del ruido del centro
y rodeada de lo que amabas.
Crei en el amor, crei en la verdad,
como Iorio pensé
que fuerza no me iba a faltar.
Sobró tu paciencia y tu dulzura,
también mis miedos y cobardía,
para cualquier instancia futura
voy a recordar siempre esos días.
Maltrecha habías aparecido,
mil lágrimas en silencio derramé,
más nunca podré igualarte,
sé todo lo que te hice doler.
Partido al medio sigo,
parecido a lo que fue tu llegada,
con la diferencia que hoy no vivo,
y en aquel momento eras mi hada.
Cala hondo todo esto,
ya he perdido tus ojeadas,
ni tu aroma, ni tus besos,
ni de lejos tus carcajadas.
Extrañar tus abrazos
es como extrañar tus pestañas,
soy el pescador durmiendo
que está lejos de su caña.
La franqueza de tu voz,
el timbre de cuando enojabas,
la ira te convertía
cuando de mi no entendías nada.
Tanto esfuerzo tuvo su premio,
tanta vuelta su castigo,
no puedo verte ni escucharte,
aunque de nada me olvido.
Tengo planes para seguir con esto,
será algo que seguiré adeudando,
quizás con nietos en la plaza
te cuente como, donde y cuando.

viernes, enero 23, 2015

.:: El secreto de las bombas de tiempo ::..

Las bombas de tiempo son inexorablemente fuentes de paranoia, ansiedad y psicosis. El suave tic tac enloquece. El avance de las agujas aturde porque cada segundo puede ser el último. Porque cada milimétrico avance del minutero hacia la derecha, hacia abajo, hacia la izquierda o hacia arriba puede preceder al bum final. Cada paso del segundero por el 12 te puede hacer transpirar, simplemente con el argumento de que para cualquier creyente la flechita apuntando al cielo es una señal. Pero son elucubraciones vacías, ¿porque no pensar que la aguja apuntando al infierno sería más determinante?. En definitiva, la explosión está latente y sabés que va a llegar. Mientras te volves una gruta de sudor frío, que genera pequeñas gotas que descienden lentamente hasta empaparte, caes en la cuenta que el secreto está en la bomba misma. Que la clave está en la punta del segundero. Que tenes que tener en cuenta la dirección en que apunta, no esperar más… y hacía allí empezar a rajar!

miércoles, abril 30, 2014

.:: Todo es a partir de un punto ::..

Todo es a partir de un punto dijo la Seño de mi adorada Julieta. Todos nos miramos extrañados, pero su carisma pronto nos hizo entrar en clima y ahí ya todos estábamos jugando con los puntos. Arriba, a la izquierda, más aquí, más allá, grandes o chicos, pero los puntos aparecieron en todas las hojas con la simple indicación de Gaby. No recuerdo haber estado nunca frente a una mujer que con solo una sonrisa logre convencer a más de veinte grandulones que estábamos ahí a desgano, con sueño y más pendientes del reloj que del oxígeno que respirábamos. El aplomo, la confianza y el ángel no se compran en ningún lado, ni tampoco se aprende en la facultad. Eso nace en cada uno y los seres que tienen ángel se vuelven eternos e inolvidables. Muchos pueden ser recordados, otros se vuelven memorables, pero inolvidables solo aquellos que dejan una marca en la vida de los demás, aunque sea un punto a partir del cual puede nacer todo lo que ves.

jueves, enero 30, 2014

Ruinas de mi

«Arrumbado en un rincón, ese que por mérito propio me gané. Pisoteado insistentemente por mis propios pies, que empecinados se quedan en el lugar, sin empezar a caminar, ni sabiendo donde ir.  Mustio y maloliente, cascarrabias y ya sin sentir dolor, ahí esta mi corazón, latiendo sólo para ellas dos. Las dos que me sostienen y alejan las sombras, que me saben robar ilusiones aún en las peores tempestades. Con la esperanza remota de empezar a tirar paredes para no tener límites y finalmente saber a que huele la vida y la felicidad.»

martes, marzo 20, 2012

Agua

Que linda es el agua,
pura y cristalina,
si digo que está fiera,
el gobierno me asesina

Sé que si los denuncio
me voy a auto sepultar,
pero ya no me importa nada
y los voy a escrachar.


El gobierno y el municipio
se pueden dejar de robar,
pongan un mango en el agua
para que todos la puedan tomar

Los diques son hermosos,
hasta tienen una EIA (*),
pero siguen tiran mierda,
no les importa la gravedad

Los efluentes como siempre
siguen sin gran control,
ojalá tengan presente
que así va a haber mucho olor.

Los cloacales están igual,
no los trata ninguna planta,
quisiera decir eso,
pero sé que es meter la pata

No digo que sean tontos,
ni siquiera pelotudos,
pero ya nos dimos cuenta,
que nos toman de boludos 


Señores gobernantes
por una vez digan la verdad,
nos tratan como niños
sin importar nuestra edad

(*) Evaluación de Impacto Ambiental

martes, enero 31, 2012

Ella... La Academia !

Ella llegó desorientada, con apuro mirando para todos lados y algo despistada. Todavía sentía la inercia del vértigo cotidiano. La suerte la hizo chocar con él. Desde el primer momento hubo química en el aire. Sonrisas cómplices cruzadas. Un silencio que los unía y que comunicaba mucho más de lo que debía. La muchedumbre los empujaba aún uno más cerca del otro. Pero llegó ese momento que nadie espera. Y justo antes de separarse para siempre, él se animó y le dijo muy respetuosamente "¿Le puedo dar un beso?". Ella se sonrojó tímidamente, bajo lentas las pestañas largas asintiendo y él, sin dudas, tocó el cielo con las manos. Se acercó a ella con cuidado, evitando chocar con los demás y ante la mirada de todos, el tiempo se detuvo y no dudó en posar sus labios suavemente y con todo el amor del mundo sobre la piel de ella... justó ahí donde tenía tatuado el escudo del Racing Club de Argentina.

jueves, enero 05, 2012

Te morís por mirar

Bondi nuevo.
Flamante.
De esos con aire acondicionado, limpieza por los rincones y hasta TV en pantallas LCD.
Increíble.
Era un viaje fuera de lo normal, que te transportaba a otra sociedad.
Sin apretones, sin calor, sin pungas.
Un viaje soñado.
Hasta que de pronto, asoman dos mochilas enormes por la escalera delantera.
Delante de ellas, sus dueños.
Dos afortunados ciudadanos porteños de clase media alta según lo denotaban sus ropas, calzados y accesorios tecnológicos.
Dos muchachos que seguro se conocían entre sí.
Que dialogaban animadamente en el trayecto desde la expendedora de boletos hasta el fondo del vehículo, donde yo contemplaba la escena.
Dos muchachos, muchachones en realidad, que querían impetuosamente demostrar su hippismo.
Exhibían babuchas de Perú, sus pulseras de macramé, sus barbas prolijamente desprolijas, sus zapatillas Nike de lona, sus Blackberry negras, sus gafas RayBan (obviamente poco o nada originales) y obviamente también una incoherencia notoria.
Tan hippies querían mostrarse que, de manera demasiado afanosa, pretendían que todos miremos como dejaban tiradas sus "típicas" mochilas de mochilero apenitas sucias en el piso.
Querían ser cuidadmosamente descuidados, pero no les salía del todo bien.
O al menos eran pocos los que le creían.
Se asombraban falsamente con el Aire Acondicionado del bondi, del mismo modo que abrían tardíamente los ojos de supuesta sorpresa al ver una televisión sobre un automotor.
Dos fantoches de los que nos cruzamos a diario.
Con una salvedad importante.
Ambos pensaban que habían logrado su cometido.
Pensaban que todo el pasaje estaba pendiente de ellos.
Pero no.
Nadie les prestó atención una vez que los labios inferiores superaron la suave presión de los incisivos centrales superiores.
Aunque no puedo evitar confesar que, al tenerlos a la distancia de un asiento, no pude dejar de relojear lo que hacían o, mejor dicho, lo que actuaban.
Uno se dedico a posar premeditadamente los pies sobre su mochila.
El otro, quizás el más piolita del dúo, miró a diestra y siniestra, y traviesamente sacó un fibrón del bolsillo derecho de su pantalón.
Sacó la tapa y empezó a escribir en la cuerina blanca del, hasta entonces, flamante bondi.
No pude evitar meter una palabra ante el hecho soltandole "¡qué pena que las cosas nuevas duran tan poquito!"
A lo que el piolita me espetó "bienvenido a la sociedad comunicacional amigo" con un tono entre amenazante, intimidatorio, pseudo marginal pero finalmente estúpido.
La información sonora tardó un importante tiempo en ser procesada por las neuronas del muchacho, hasta que luego de un par de minutos que evidenciaron su estupidez, decidió confirmar el diagnóstico.
"Yo voy sucio por la vida y nadie me dice nada" pretendiendo justificar con esa genialidad la boludez de la cual yo había sido testigo de manera fortuita e involuntaria.
No quedó margen mas que para contestarle "el tema es que nadie se tiene que sentar arriba tuyo" y hoy le agregaría un calificativo final a la oración: Pelotudo.
Se quedó callado.
Con la íntima convicción de que alguna otra genialidad el piolita quería decirme antes que me baje, el tipo lo confirmó.
"¿Te morís por mirar lo que puse no?" murmuró como quien está seguro de que tira una frase inolvidable, al tiempo que tapaba con la mano su obra maestra en el flamnate bondi.
Me bajé del flamante bondi con la sonrisa escapando por las comisuras, y diciendole al tarado "la verdad que me chupa un huevo".
Y me fui a tomar el Sarmiento.

martes, julio 12, 2011

Enseñanzas

Costa Atlántica, Villa Gessel. En medio del viento marino, entre la madrugada y la mañana, sobre la arena y a dos kilómetros del centro de la ciudad. Con los pies descalzos y el agua helada en los tobillos. Segundo domingo de noviembre. 06:15 AM. El sol todavía hacía fuerza por asomarse en el horizonte atrás de toda esa inmensidad de agua salada, escapando de la luna o persiguiéndola incansablemente. El tiempo se detuvo. Fueron minutos enteros en blanco y negro. 3, 2, 1… la sirena despertó a la multitud. Todos al agua. Una inmersión sin titubeos que quitó el suspiro de todos hasta que las pulsaciones subieron. Manotazos y puntapiés involuntarios, pero no exentos de dolor. Dos mil metros de concentración, agua salada y ganas de disfrutar. Expertos y principiantes sufriendo hipotermia. Pero lo más duro ya había pasado: las madrugadas pedaleando en la oscuridad de los amaneceres invernales antes de ir a trabajar; los mediodías literalmente al trote para lograr hacer pasadas de velocidad, o lo que tocaba ese día, en el horario de almuerzo y las noches frías saliendo del natatorio sin sentir los brazos. Casi sin pensarlo, ya estábamos fuera del agua y arriba de la bicicleta. Nunca imaginé que alimentarse y tomar líquidos sobre dos ruedas y a 33 km/h iba a ser tan habitual. El zumbido del viento y los 90 km sobre el asfalto de las rutas atlánticas no podrían sacarme de la cabeza la cara de mi hija y mi mujer cada vez que volvía de entrenar. Era hora de imaginarlas al momento de cruzar la meta, pero para eso todavía restaban 21 km que iban a sufrir las zapatillas debajo de mis pies. El momento en el que, como dice Haruki Murakami, las piernas corren solas. Ya era el mediodía, y cuando todos preparaban el almuerzo del domingo, nosotros saboreábamos cualquier gota de agua que se nos cruzaba como si fuese el elixir más preciado. El cronómetro justificaba el desgaste corporal. Algún dolor impensado trataba de sacarnos del eje. Ya íbamos por las 5 horas de carrera. Era tiempo de festejar y disfrutar finalmente de lo que fuimos a buscar. Era tiempo de lágrimas de emoción. Tiempo de recordar las caídas de aquel principiante que quiso sostenerse en un pelotón de expertos. Tiempo de volver a pensar en los objetivos que parecían lejanos y que allí se estaban cumpliendo. Tiempo de compartir esas sensaciones con todos los compañeros de ruta. Todos queríamos lograr algo. Algo que a priori era imposible. Todos queríamos llegar, lograr un objetivo, para demostrarle a la familia, a los amigos, a los incrédulos y a los curiosos que con sacrificio, dedicación, disciplina, pasión, trabajo en equipo y compañerismo todo se puede lograr. Y eso es lo que trato de hacer cada uno de mis días. Lograr objetivos de vida con las enseñanzas del triatlón.

viernes, junio 03, 2011

Lourdes Mía

A las once de la noche del miércoles, cuando July ya soñaba en su cama alta con el perro Bolt y su amiga Penny, la panza de Naty empezó a moverse como todos los días a esa hora. Finalmente la noche se calmó. Tuve la necesidad de hacer algo que en el embarazo de July era cotidiano, hablarle a la panza antes de ir a dormir. En ese momento me brotaron palabras desde adentro, luchando contra el sueño, y pidiéndole a Lourdes que la deje dormir tranquila a su madre, porque las noches anteriores no habían sido muy plácidas. Al rato, sin remedio, caí desmayado en la almohada con la esperanza de tener un lindo sueño reparador.

En el medio de la noche, en ese silencio oscuro que rodea las noticias inesperadas, y mientras dormía pata suelta, Naty me despertó y me dijo "Me parece que tengo fisura de bolsa". Entre sueños le dije que no pasaba nada, que no se preocupe, pero la rotura era evidente. En esos momentos uno trata de acordarse lo que dijeron en el curso de preparto, que encima en nuestro caso había sido el preparto de July, 3 años y medio atrás. De todos modos, no hubo mucho tiempo de dudar. Las contracciones estaban llegando. A las dos de la mañana llamé a la partera, y con una lógica voz de ultratumba pero con todo el oficio del mundo en sus espaldas, dijo que se ponga apósitos y la llame en dos horas. Nos miramos y tratamos de serenarnos, pero las contracciones se hicieron más fuertes y más seguidas. Así y todo, la madre de la criatura decidió depilarse un poco en el tiempo que había entre contracción y contracción, un rito inexplicable para la mayoría de los hombres, pero contra el que poco pude hacer evaluando el escenario en el que estabamos.

Las contracciones ya eran bravas, Naty empezó a gritar del dolor y July entreabría los ojitos para ver que andaba pasando. No me quedó más alternativa que ponerme la ropa de fajina y meterme en la trinchera, eran las tres y media y ya estaba todo listo para ir a la Suizo. Volví a llamar a Raquel, la partera, y le adelanté que no iba a poder esperar las dos horas que me pidió en el llamado anterior. La tipa recién ahí se despertó y me preguntó a donde ibamos a parir para saber adonde tenía que salir rajando. Corté y llamé a mi suegra, que vive a 30 cuadras (exagerando un poco). Le dije que Lourdes se estaba apurando y muy maternalmente me contestó "A ESTA HORA?". Más allá de su sorpresa, por la hora y no por la situación, necesitabamos su pronta presencia para se quede con July. Eran las cuatro menos cuarto, el auto ya estaba en la puerta de casa, Naty adentro con el asiento reclinado, agarrada del techo y gritando de dolor. July estaba entredormida, pero también en la puerta porque vió movimientos raros y ya había llorado, así que todos estabamos en nuestras posiciones. Menos mi suegra. Naty la llamó a las cuatro menos cinco y recién ahí mi suegro estaba bajando a buscar su auto para salir para mi casa. Una situación de película. Al rato, llegaron. Yo dejé a July en brazos de su abuela, me subí al auto con Naty gritando de dolor y ví a mi suegro con toda su parsimonia que se acercaba a la puerta de Naty. Pensé que le iba a dar algo que nos olvidabamos, alguna medallita para la suerte o, como caso extraño, algo de plata por cualquier cosa que podría suceder. Pero no. Mi suegro, viendo a Naty llorando del dolor, le abrió la puerta y le dijo "¿cuántas contracciones tenes?". Obviamente Naty lo mandó a la puta que lo parió, y yo mentalmente también. Arranqué y fuimos a la autopista. Naty estaba muy dolorida y no paraba de gritar, me pidió que no agarré pozos, pero igual no se olvidó de putearme por agarrar media cuadra de empedrado antes de subir a la autopista que, a esa hora, estaba desierta. Una vez que bajé a Larrea no me quedó opción que empezar a pasar semáforos rojos pese a que no había nadie en la calle. Llegamos a la puerta de la Suizo con Naty a los gritos. Ella no podía caminar asi que el tipo de seguridad de la puerta tuvo que despertarse primero, fijarse que estaba pasando después y reaccionar al rato para traernos una silla de ruedas. Así fuimos hasta el tercer piso, sin cruzarnos con nadie. Era un edificio fantasma donde lo único que se escuchaba en todos los rincones eran los gritos de Naty. Cuando llegamos, nos cruzamos con una partera que acompañaba a otra parturienta, pero que no tenía ningún apuro, es más, creo que estaba para irse a la casa y volver a los dos dias. Naty no. Naty estaba en el aire del dolor. La partera X que nos cruzamos no dudó en revisarla. Naty no paraba de gritar su deseo de que la duerman toda, tal como le adelantó el obstetra. Me lo pidió por favor a mi, y a la partera X también, pero ninguno de los dos pudo hacer más que tratarla de calmar. Así pasamos a una camilla, donde esta señora la ayudó a cambiarse con el camisolín reglamentario. La revisó y ahí le dijo "Ya estamos mamita". A los dos minutos llegó Raquel, nuestra partera. Al fin una cara conocida. Estaba igual que hace tres años y medio atrás. Se cruzó con su colega y ella le dijo "Lourdes quería nacer con María, no quería esperar a Raquel". Por un momento pensé en la buena onda de las colegas, en el medio del quilombo, de madrugada, a las corridas y con un pronóstico medio complicado. Pero los gritos de Naty cortaron toda charla. Raquel la revisa y le dice que no puede dormirla porque ya está con ocho de dilatación, pero que tiene que empujar para aliviar un poco la intensidad de las contracciones. Raquel me miró y me dijo que ahora iba a dejarla media borracha, y así fue. Naty estaba con los ojos voleados, no se entendía claramente lo que decía, pero por las dudas seguía gritando. Hasta que María, la partera X, le dice enérgicamente "Dejá de gritar y empujá fuerte". Todos esperabamos al Dr Martinez, pero no llegaba. Hasta que se abren las puertas de la sala de partos y aparece Rodrigo, un doctor del equipo del obstetra titular. Nos miramos con Naty en medio del fragor de la lucha, pero no hubo tiempo de ningún comentario. Lourdes tampoco quería demorar demasiado, asi que en el segundo empuje la mano de Raquel ayudó a que la morochita asomara. Rodrigo la sacó hasta la mitad del pecho y fue cuando el tiempo se detuvo un segundo. El tipo la miró a Naty, que no podía más, y le dijo "¿la querés sacar vos?". Pensé que ella no iba a reaccionar en el estado que estaba. Y cuando yo mismo estaba por tirarme de cabeza para sacarla, Naty estiró los brazos, agarró a Lourdes, la sacó y se la puso en el pecho.

Mi propio llanto me empapó a tal punto que vino la partera a abrazarme y a darme pañuelitos. Fue mágico, vertiginoso, emocionante, casi perfecto y sobre todas las cosas hermoso. Naty no opina lo mismo, pero cuando se olvide del dolor, seguro que va a decir que me quedé corto con los adjetivos. Lourdes nació con 3.455 kg, casi un kilo más que July cuando llegó al mundo. Y creanmé que "se prende a la teta que es una ternera" como en la canción Cacho de Alfredo Casero.

Estuvimos en la Sala de Parto desde las 5 de la mañana hasta las 3 de la tarde, sin celulares, con ropa de quirófano, con alegría, sin poder avisarle nada a nadie y comiendonos los codos de hambre y de ganas de salir de ahí.

Recién a la tarde pudimos mandar mensajitos, con tanta alegría y alboroto que seguro nos olvidamos de avisarle a alguien.

jueves, febrero 25, 2010

Tan extraño

Todo fue tan extraño. Todo fue tan raramente previsible.
Apareció de golpe un viernes y ya quería verme el sábado. Yo le dije que sí, pero ¿para que mentirte? No tenía ganas de ir a esos lugares tan aristocratoides y pseudo modernos que no hacen otra cosa que ensalsar las miserables cáscaras humanas.
Todo el envase resplandece en esos lugares. El packaging de cada uno de ellos es el único valor que se tiene en cuenta, el envoltorio y nada mas, simplemente porque el interior nunca llega a verse jamás. Quizás por eso no me gusten. Mi cáscara no me gusta mucho y nunca llamó la atención, pero ¿porqué esta vez todo resultaba tan sospechoso?
Conclusión, el lunes inventé una excusa de ultimo momento, algo inapelable que solamente se pueda confirmar una vez que esté del otro lado del universo, una falacia irrevocable.
Cosa que fue eficaz ya que, una vez que descubrí su media neurona solitaria, pude despachar sendos passing shots que no recibieron ninguna resistencia del otro lado.
Se notaba que a través del mail volaban los perros, las frases con doble sentido, además sentía su respiración atrás de mi oreja, casi podía firmar que de un momento a otro se me tiraba encima.
Finalmente logró enredarme en una cita supuestamente cinéfila, pero presentía que no sería así.
Obviamente hubo excusas de peso que no pude, ni supe esquivar, pero finalmente se cumplió mi presagio. Terminamos tomando café en “La Biela”. Ella uno de esos cafés raros con chocolate, canela, frutilla, bardhall y anda a saber que otra cosa mas. Yo simplemente un café común y silvestre.
La conversación iba forzadamente alrededor del tema obsesivamente elegido por ella, pero ¿cómo evitarlo? ¿cómo no darle el gusto? Si moría de ganas de robarle un beso.
Pero no puedo negarlo que tenía cierto miedito…
…apuró el final de la noche con un taxi, como quien apura el final de un café. De un trago se llevó mis expectativas.

Enseñanza racinguista - 26-dic-2001

Siempre pensé que para saber ser feliz en la vida primero uno tiene que sufrir un poco, más que nada para valorar en toda su dimensión el hecho de llegar a esa cima tan ansiada, la felicidad.

¿Cómo puede uno determinar que esta siendo feliz si nunca antes estuvo triste? ¿cómo uno puede evaluar el grado de éxtasis que puede alcanzar una situación si nunca lloró por una tarde negra, por una injusticia por más subjetiva que sea?

Hoy me acuerdo de los fantasmales presagios de descensos y desapariciones, de aquellas tardes plomizas donde las ilusiones se morían en un rectángulo esmeralda con entusiastas hombres defendiendo mis colores y me congratulo de haber sido fuerte para soportar esas tormentas y seguir en pie.

No tengo remedio. Hoy que soy tan feliz, no puedo contenerme de rememorar una y otra vez tristezas que me llevaron al borde de la depresión, que me causaron bromas, rabietas y hasta lágrimas de impotencia desde las escalinatas del Coliseo de Cemento.

Como decía, ya sufrí bastante y sé que lo que estoy viviendo es lo máximo a que puedo aspirar hoy en día. Ser feliz por unos días, estirar cada sonrisa hasta la ambigua sensación de estar avergonzado de ser feliz en un mundo tan cruel como el que vivimos.

Quizás este estadío sea sólo un peldaño más dentro de la escalera hacia la cima, hacia la felicidad. Pero no puedo permitirme dudar a la hora de disfrutarlo. No tengo derecho siquiera a ser tan inconsciente de dejar pasar este momento en el torbellino cotidiano del presente.

Hoy me acuerdo de aquellas caras repetidas periódicamente, de los rostros colorados de la impotencia, de las voces roncas en busca de explicaciones y de las manos extendidas al cielo en busca de un motivo que justifica una derrota y siento que tengo el deber de ser feliz en honor al pasado y al sacrificio de sufrir durante tanto tiempo.

Con sabor a gloria - Enero 2001

La tarde anterior se peleó definitivamente con su novia de hacía años, y después de muchas idas y vueltas.

Esa misma noche festejaba con sus amigos el fin de clases y el año que comenzaba.
Tomó por primera vez pero no resultó para nada.
Probó con una vieja receta, andar en bici sin destino con el Gordo Hernán.
Volvieron.
Pero el Gordo insistió en seguir un poco.
En ese poco se cruzó con una chica llamativa, pero no extraordinaria.
Hizo tiempo con la bici para esperarla.
Se cruzaron otra vez.
Se mantenían la mirada como desafiándose.
Él, después de medio siglo, le tiró un "Hola", para cortar el clima de la mirada.
Infantil, como no podía ser de otra forma, siguió con un “¿Cómo estás?” sin esperanzas de contestación.
Ella le dijo "Bien" y mantuvo una mirada firme que lo hizo feliz al menos esa noche.. sabiendo que al menos una mujer en el mundo lo registraba.

Amigos '02 (un chanta?)

Podría mandar las cosas que andan dando vueltas por el ciberespacio, pero ya sabes que siempre preferí armar algo realmente mío y darle contenido a todo lo que te mando.

Mañana, 20 de Julio de 2002, como ya sabrás se celebra el Día Internacional del Amigo.

Esta celebración fue originada por un argentino, que como conmemoración de la llegada del hombre a la Luna, decidió instaurar el Día del Amigo.

Esta vez más de cuarenta países decidieron adherirse a los festejos en este día.

La manera de festejar la decidís vos; quizás envíes besos virtuales, quizás regales flores o caramelos, o tal vez eleves una cerveza después de un asado.

Simplemente quería hacerte llegar mi muestra de afecto ya que te considero dentro de mis amigos.

Sé que en algunos casos nos tenemos un poco abandonados pero no importa, lo que siento va mas allá del tiempo y de lo circunstancial.

De esta manera quiero que sepas que siempre te tengo presente.

Te mando mi más caluroso saludo y sobretodo quiero que sepas que te considero mi amigo con todo lo que ello significa !

Amigos '99

Hoy, 20 de Julio de 1999, se celebra por primera vez en la historia el Día del Amigo de manera internacional. Esta celebración fue originada por un argentino, que como conmemoración de la llegada del hombre a la Luna, decidió instaurar el Día del Amigo. Esta vez, al ser la última del milenio y al coincidir con el 30 aniversario de la llegada a la Luna, más de cuarenta países decidieron adherirse a los festejos en este día.

La manera de festejar la deciden ustedes. Quizás envíen besos virtuales, quizás regalen flores o caramelos, o tal vez regalen un caluroso abrazo o simplemente un saludo telefónico.

Simplemente quería hacerles llegar mi muestra de gratitud para quienes considero mis amigos. Sé que en algunos casos los tenga un poco abandonados, y es probable que algún que otro que reciba este mensaje, ni siquiera se acuerde de mí, pero no importa. De esta manera quiero que sepan que siempre los tengo presentes.

Les mando mi más caluroso abrazo y sobretodo, quiero que sepan que los considero mis amigos !

Ushuaia 2000

Tu encanto fue corto
pero aún perdura,
no veo la hora de verte
estoy llegando a la locura.

Busco formas de encontrarte
no hay manera de poder verte,
estoy casi entregado, pero
no imagino la idea de perderte.

De pronto apareciste,
como un regalo del cielo,
me gustaria que vos sepas
lo mucho que yo te quiero.

De pronto apareciste,
no sé porque, no sé de donde,
y con todo lo que hiciste,
ni cariño ya no se esconde.

Fuiste un sueño de verano,
el que no olvidaría jamás
solamente me faltaría
que te vuelvas realidad.

Para serte sincero - Febrero 2001

...estaba seguro que en las vacaciones el corazón iba a volver medio herido
...siempre estuve seguro que eras preciosa en todo sentido
...desde el primer momento me derritió tu mirada
...por teléfono todavía no reconozco tu voz, pero cuando sé que sos vos se me eriza el alma
...nunca sentí mi corazón galopar tan fuertemente
...menos mal que cuando te vi en camisón estaba sentado
...sos la primera causa por la que rompo mis principios (aunque suene bastante raro y antiguo)
...con vos volví a creer en muchas cosas
...ya dejé de escribir cuasi tragedias griegas
...con tu llegada a mi vida se fueron algunas ideas un tanto extremistas
...me asusta que te asustes (valga la redundacia)
...estoy feliz de saber que me querés
...estoy mucho mas que feliz de saber que siempre te voy a querer
...nunca llegué a imaginar que estar juntos sería tan lindo
...cuando veo tus farolazos desde cerca me acuerdo de cuando te vi por primera vez
...el 24 de enero me sentí horrible y preferí refugiarme en mi soledad
...si me ves callado y mirándote es porque disfruto de tus silencios
...la sonrisa te queda mortal
...en el cumple de Paola me quería escapar con vos a cualquier parte
...me encantaría pasar más tiempo del que pensas junto con vos
...no sé hasta que punto crees en lo que te digo
...mientras sientas cuanto te quiero voy a estar tranquilo
...no sé si quererte tanto es poco para vos
...quisiera que con el paso del tiempo y a pesar de todo lo que pueda pasar sigamos siendo amigos
...que quiera ser tu amigo a pesar de todo lo que pueda pasar no significa que no te adore por como sos
...me mata tu madurez
...me fascina tu sinceridad
...y para terminar, no sé si me alcanzará la vida para agradecer el haberte encontrado en mi camino

Fenómenos Físicos Básicos (FFB)

Que bonito que es empezar a conocer terminología física básica con un ejemplo tan concreto... Pero debo hacer mención de la excepción que confirma la regla... National Geographic tendría que venir a documentar el fenómeno que acontece en el Oeste del Gran Buenos Aires, donde las estructuras metálicas que transitan las vías del FC Sarmiento generan (seguramente) algún campo electromagnético que facilita el "llenamiento indefinido de los espacios" absorbiendo todo cuerpo humano o humanoide que encuentre a su paso. Esto acompañado de un "chupamiento" o estrujación interna que impide la salida exitosa de los cuerpos ya ingresados. Normalmente el alejamiento del punto de partida de la estructura metálica en cuestión aliviana este fenómeno, permitiendo de esta manera una lenta, progresiva pero tardía descongestión por la cual los cuerpos que deberían haber evacuado el vehículo rodante a medio camino, generalmente lo hacen sobre el final de este, debiendo de este modo, volver a sumergirse en este fenómeno, pero esta vez en sentido contrario, retroalimentando la sinergia que mantiene viva ésta arteria ferroviaria tan importante... para los dueños de la concesión.

Preludio de la gloria -9 meses antes-

Y otra vez sucedió. Los mitos y las leyendas que rodean el transcurrir de sus días se comieron sus posibilidades. Las ansias de su gente y la impotencia de sus jugadores terminaron dibujando una derrota que no hizo otra cosa más que poner en evidencia algo tan claro como el agua: SUS HINCHAS YA ESTÁN ACOSTUMBRADOS A ESTO.

Por esa razón, quizás, luego del tercer gol solamente atinaron a demostrar nuevamente que son y seguirán siendo hinchas a pesar de todo y que están dispuestos a saltar, revolear la remera y enrojecer sus gargantas sin importarle demasiado la cantidad de goles que les conviertan.
Esa entereza de la tribuna ya se está tornando una clásica manera de fregarle en la cara a su clásico vecino y a todo el resto su falta de amargura. Le están diciendo a todo el mundo: “aquí estamos y seguiremos poniendo el pecho a pesar de todo”.
En el verde césped los once de que se calzaron la blanquiceleste no tuvieron ideas luego de recibir un “trágico” gol a los dos minutos de comenzado el partido que marcó claramente la falta total de concentración con la que salieron a disputar este match clave para su supervivencia en la máxima categoría del fútbol vernáculo.
El conjunto de la Capital Federal no tardó demasiado en desnudar las drásticas falencias que tenía la extrema defensa del cuadro local tanto en el juego aéreo como en el terrestre.
Para colmo de males (y como si hiciera falta) el jugador emblemático de los últimos años casi le suplicó al hombre diferente retirarse de la disputa al ser el autor de sendas infracciones que son penadas por el reglamento con tarjetas amarillas que en conjunto hicieron que el capitán se retire finalmente del rectángulo esmeralda, justo en su regreso luego de haber sido suspendido también por una expulsión precedente
- Abril 2001 -

martes, julio 04, 2006

La Princesita brillante y el joven soñador

Capitulo 1 – Había una vez...
Había una vez una princesa que soñó toda su vida encontrar al príncipe azul que le llene el alma de felicidad.
Probó muchas maneras de encontrarlo pero ninguna pareció ser la indicada.
Concurría a las fiestas que se realizaban en los palacios de su principado, se cuidaba hasta del más mínimo detalle a la hora de buscar a su príncipe, pero parece que no era el camino.
Sin embargo, la princesa vivía recibiendo propuestas de señores feudales y cortesanos que buscaban ocupar el sillón real que tenía a su lado.
Pero la princesa no creía haber encontrado al hombre indicado para compartir el resto de su vida.
En poco tiempo, la belleza de la princesa hizo que muchos varones de los principados vecinos se interesen por ella. Debido a ello se arriesgaban a enfrentar a Dragones peligrosos y a ejércitos leales a la princesa que impedían que fuese lastimada.
Todo el reinado sabía de los sentimientos de la princesa. Cualquier individuo que surcase su comarca podía oir en los caminos lo que se decía de ella...
“Es tan bonita que hasta el sol se opaca ante su presencia...” , solían decir los lugareños con orgullo.
La princesa, poco a poco, se ganó la fama de inconquistable. Sobre todo en base a su belleza y a su noble corazón.
La bella joven parecía protegida por un séquito de angeles que la escoltaba, haciendo que los hombres con malas intenciones se mantengan alejados y no regresaran jamás.
Pero un día común, con el cielo en el mismo lugar que siempre y el sol expectante, un hombre sencillo montado en sus sueños supo esquivar los dragones, sortear al ejército real y entró por la ventana de los ojos de la princesa y supo contarle secretos al oído de su alma.

Capitulo 2 - La Princesa
Había una vez una señorita que vivía lejos de la ciudad, en un paraje muy tranquilo cercano al bosque. Ella vivía con su familia en una casa preciosa y donde se respiraba armonía.
El padre era capataz de hacheros en una industria que talaba bosques para hacer leña durante el invierno.
La madre era una típica ama de casa capaz de luchar con quien sea para salvaguardar la integridad de sus pichones.
La pequeña princesa era la segunda de tres hermanos, con los que la unía un gran cariño y amistad.
Ella era una chica especial, era la más preciosa del lugar y siempre se destacó por tener un brillo extraordinario en sus ojos. Muchos pensaron que era algo sobrenatural, incluso aquellos que pensaban que eso era peligroso intentaron menospreciar el tema y buscar alguna razón simple.
Pero era inevitable suspirar al ver sus ojos, era imposible que pase inadvertido ese resplandor en su mirada y no quedar hipnotizado por su brillo.
Desde chica siempre sonrió frente a todo aquel que tenga la suerte de cruzarla y eso le brindó una alma fresca y cristalina.
Cuando creció soñaba con galanes apuestos y respetuosos que la llenen de alegría.
Al comienzo no se preocupó por encontrar un alma cálida, ni siquiera le interesaba. Con el correr del tiempo su espíritu jovial necesitó un apoyo, alguien con quien compartir las alegrías y las tristezas. Quizás haya encontrado algún muchacho que la comprenda, pero ella no terminaba de cumplir sus expectativas.
Por eso la princesa fue escoltada a partir de allí por un grupo de angeles que formaron su séquito y fueron los guardianes de sus secretos.
Más adelante la princesa se veía abrumada por forasteros que solo buscaban fama a su lado y no su felicidad.
Simplemente se burlaban de ella, no quería cambiar su vida para quedarse a su lado y eso hizo que la princesa quiera espantarlos con un Dragón alado.
Eso no fue suficiente y por ello encargó que a los obreros y campesinos subditos de su bondad la tarea de construir un gran foso que rodee su palacio. Es por eso que solo se puede acceder a él por medio del puente levadizo que se extiende desde el interior unicamente a aquellos que tienen el honor de visitar su fortaleza.


Capitulo 3 – El joven
Lejos de allí, cerca de una zona muy parecida al infierno, nació y desarrolló su vida un joven alto y delgado.
También vivió con su familia, aunque siempre trató de crear su camino con independencia.
Desde pequeño su característica mas saliente fueron sus ganas de volar sobre sus sueños.
Siempre pensó disparates, creó objetos solamente imaginados por su mente y contó historias únicas e irrepetibles.
Imaginó infinidad de veces la idea de alejarse del infierno y colocar un marco acorde a su vida tranquila y soñadora, cerca de las montañas, en el sur, quizás acompañado por algún río travieso que busque su destino sorteando los arboles del lugar.
Pensó mucho en vivir en el valle de sus sueños, incluso logró conocer muchas planicies donde reposar, llenas de verde esmeralda y con el silencio del viento susurrandole al oído.
Pero, todavía sufre cuando tiene que cruzar un precario puente que lo une con su destino laboral en pleno centro del infierno.
“Algún día voy a darme el gusto de poder irme de aquí” imagina mientras ve como otros tantos como él padecen el caos de ese lugar.
Siempre soñador, pero conciente de ello, el joven creía que nunca iba a encontrar alguna mujer que lo entendiera y con quien pudiera compartir las tristezas y las felicidades.
De todas formas él siguió surcando el camino de la vida con sus sueños y proyectos a cuestas, aunque para ser sinceros, el polvo del abandono ya los estaba borrando.

Capitulo 4 – El encuentro
Un dia cualquiera, quizás el menos pensado, la Princesa le consultó a uno de sus angeles como iba a conseguir una manera de encontrar a alguien distinto, con quien compartir sus alegrias.
El ángel le dijo que no lo sabía y que tampoco era quien como para dar un consejo de ese estilo nada menos que a una princesa, sin embargo le recordó una leyenda que dice que todos los mensajes que se arrojan al mar contenidos en una botella llegan a destino mágicamente.
La princesa esperanzada y sin tener nada que perder, decidió escribir un mensaje corto, anónimo pero claro.
La bella muchacha necesitaba encontrar a alguien que la quiera, pero que la quiera de verdad, un príncipe.
Con toda la fe, se acercó a la orilla del mar embravecido, tomó la botella de vidrio que contenía un simple papel marcado con tinta y tratando de alcanzar el horizonte, la arrojó al agua.
Muy esperanzada en que el mensaje llegue a su destino estaba dispuesta a esperar un tiempo prolongado hasta recibir novedades.

Mientras tanto el joven soñador proseguía su vida preso de la rutina y del desencanto, pero sin abandonar la lucha por encontrar algo que le devuelva la capacidad de montarse en sus sueños.
Sumido en la triste realidad que le tocaba vivir el joven soñador solía visitar a algunos artesanos amigos, se trataba de evadir escribiendo canciones que algunos juglares sabían entonar, pero tenía un pasatiempo favorito, ir a la orilla de un pequeño río que corría sin brújula buscando el mar.
Nada en su mundo hacía esperar que allí pudiera renacer su afición a volar, hasta que de pronto vió como se aproximaba hacia su persona una luz en la superficie del agua.
Primero se asustó. Pensó en los viejos magos que le contaban leyendas sobre la luz y el brillo de algunas cosas y por ello tomó coraje para permanecer atento.
Justo cuando ese brillo pasaba frente a él, se detuvo mágicamente y pese a la fuerte corriente del agua se puede decir que le rogó quedar entre sus manos.
Ahí fue cuando el joven pudo vislumbrar que ese brillo nacía en el interior de una botella de vidrio común. Intrigado aunque algo desconfiado, el joven soñador mojó sus pies hasta alcanzar aquella luz brillante.
Volvió hacia la costa, se acomodó prolijamente sobre unas piedras y se dispuso a investigar el contenido de la botella.
A simple vista no era más que un simple papel manchado con trazos de tinta, pero poco después el joven dibujó la más feliz de sus sonrisas. Era el tiempo de volver a volar montado en sus sueños.
El papel no abundaba en detalles, solamente se percibía la calidez de quien lo escribió y un nombre que erradicaba el anonimato: era ella.
Presuroso el joven buscó la manera de comprobar que existía una muchacha así, pero vió asombrado que en los alrededores de su morada nadie habia escuchado de ella antes.
Ese desconocimiento sumergió al joven en una inmensa ola de dudas. Por un instante quizo olvidarse de ese momento en el que leyó el mensaje, pero decidió eliminar esas dudas y esperanzado, fue en busca de su sueño.
Al no saber como comenzar la búsqueda, el joven habló con sabios, brujos y viejos filósofos que le dieron orientación para su cometido.
Todos coincidieron en que la calidez del mensaje y la sencillez de lo expresado en el papel eran innevitablemente características de una princesa.
Pero fue entonces cuando el muchacho buscó afanosamente en los cuatro horizontes con su mirada y no divisó castillo alguno.
El último de los sabios que consultó fue quien le dio la pista, “quizás tengas que esperar mucho para encontrar a esa princesa”.
El joven no estaba dispuesto a esperar mas tiempo y se propuso a sí mismo encontrar a la princesa como sea.
Cruzó fronteras sin mas compañía que sus pensamientos y unas hojas con sus proyectos. Buscó recodos donde los cursos de agua se hacían más estrechos para poder seguir y hasta maneras de llegar al sudoeste más sencillas.
Pero cuando las ganas y las esperanzas comenzaban a flaquear apareció del horizonte una silueta soñada. Era el castillo que tanto buscaba el joven.
De pronto se le iluminó el rostro y otra vez apareció esa sonrisa amplia que lo delataba como un hombre feliz.
Se acercó con cuidado al lugar donde estaba el castillo. Una vez que podía ver las paredes reconoció un olor extraño que no podía identificar. Miró el piso, buscó frutos maduros y hasta pensó en el agua como causantes de ese aroma profundo.
Pero de pronto una llamarada lo sorprendió. Se escuchó un trueno potente que lo ensordeció y lo dejó atónito en el piso.
Desesperado trató de darle una explicación a esos fenómenos extraños que hicieron emigrar hasta a los más peresozos pájaros del lugar.
Sin embargo todo se tornó peligroso cuando de repente apareció la sombra magnífica de un dragón alado todavía con la nariz humeante.
El joven buscó refugio en unos arboles cercanos hasta que la furia del dragón se apaciguara. Ya mas calmo, vislumbró la chance de alcanzar la entrada del castillo a la carrera y evitando al dragón.
Apenas el dragón se relajo y su mirada buscó distracción en otros lugares, el muchacho tomo aire y se lanzó decididamente a la aventura de llegar a las puertas del palacio.
Todo salía bien, pero de pronto necesitó detener su marcha abruptamente. Un profundo foso con agua rodeaba el castillo.
Sin saber que hacer y a punto de rendirse a los pies del fracaso, el joven elevó su mirada al cielo. Pero justo en el punto medio entre el cielo y la tierra su mirada se encontró con aquel brillo que lo fascinó en la botella.
Parecía imposible, ver el brillo solo en una ventana, pero trató de entenderlo.
No veía la manera de llegar allí, hasta que recordó su vieja afición a volar sobre sus sueños.
Sin más tramite se sentó bajo un arbol, se dispuso a soñar lo mejores sueños y subido a ellos cobró altura.
Así llegó hasta la altura adecuada para meterse por la ventana de sus ojos y poder susurrarle sus sueños al oído a su princesita brillante [...]

lunes, julio 03, 2006

Venerando a la desaparecida

En un día como los demás, donde ya es tarde para soñar.
Sueño y sigo esperando tu llamado y me niego a despertar
Sé que es difícil que me busques y menos que yo te pueda encontrar
Vos me diste un beso fugitivo de dulce realidad
Yo espero volver a verte para saber que fue verdad
Que no inventé ese beso y que puede haber más
Pero creo que es necio pensar que sé la verdad,
Aunque estoy seguro que no me querés ver más
Yo no me resigno a intentarlo y te vuelvo a buscar
No creo estar obsesionado, solamente es demasiado amar...

El mar de nuestra amistad - 21-12-1999

¡Hola! ¿Pasó mucho tiempo no? Pasó mucha agua bajo el puente, como quien dice. Los tiempos que pasamos fueron como el mar ¿no te parece? Tuvieron sus tormentas bravías, sus soles dorados, sus tierras aisladas y sus naufragios. Tuvimos nuestra marea alta cuando todo estaba casi perfecto, pero siempre que algo sube tiene que bajar, y las bajamares fueron tristes, pero pocas. Todos sabemos que el agua poco a poco se está ensuciando, pero tambien se sabe, que el fondo del mar es hermoso y puro. Cuando tengas frío en la superficie y la contaminación de aquellos que no quieren mojarse en nuestro mar te asfixie, te invito a que te sumerjas en nuestro más preciado bien, nuestros recuerdos, nuestra alma colectiva, todo lo que hay bajo el agua, todo lo que sabemos pero no nos animamos a recordar. No te preocupes, nunca te faltará el aire, tu corazón sabrá como auxiliarte, te lo aseguro. Sigamos buceando en este mar que nos unió hace tiempo y donde nunca me voy a ahogar, sigamos bajo este agua, que te aseguro, no me voy a ir jamás...

A pesar de los medios, los necios y los ciegos - 15-02-2002

Sin dudas hoy la cosa va a ser distinta.
Hoy no voy a tratarte como a un abuelo, hoy voy a hablarte como a un gran
amigo, voy a tutearte con tal confianza que hasta puede llegar a molestarte.

¿para qué mentirte? Sinceramente estoy conmovido, aunque no sé si es la
palabra exacta, pero bueno, dejémoslo así.
Si nos escuchaste algún sábado (y no te arrepentiste) sabrás que le dimos
bastante importancia a las asambleas y cacerolazos que se fueron dando en
los últimos tiempos y que vos ya conoces.

Ayer se dio otro cacerolazo en Plaza de Mayo, pero este fue bastante
distinto.
A mi entender fue el primero que estuvo a la altura de lo que todos
estuvimos esperando.
Pese a que los viernes las opciones para quedarse en casa viendo la tele
aumentan, los caceroleros y asambleístas que se acercan a la Plaza también
se incrementan.
Anoche desde las 11 estuve en la plaza para contarte hoy lo que pasaría y ya
se sentía a esa hora un espíritu distinto al de la semana anterior con
globos en el aire y algunos abuelos con una sonrisa regalando escarapelas.

Como siempre algunos canales de televisión estuvieron con sus móviles a un
costado de la plaza y como siempre algunos cholulos se amontonaron por unos
segundos de aire.
Como siempre muchos policías se “congregaron” en los alrededores y como
siempre algunos caían en las provocaciones y se les iban encima.
Como siempre algún automovilista aceleraba asustado por la multitud y como
siempre alguno lo puteaba lógicamente
Pero ayer algo cambió...

El 15 de febrero de 2002 hubo una interrelación pocas veces vista en las
manifestaciones de este tipo, que reúnen desde el desocupado sin un mango
hasta los acreedores privados que protestan no precisamente para poder
comer.
Ayer por primera vez las asambleas de toda la Ciudad de Buenos Aires fueron
llegando agrupadas por regiones y no ya desperdigadas como mariposas
primaverales.
Ayer por primera vez los piqueteros pudieron acompañar a las asambleas de
Avellaneda, Wilde y Dock Sud que también se agruparon para llegarse hasta la
Plaza.
Ayer por primera vez hubo artistas que realizaron muestras en las veredas de
Avenida de Mayo y agrupaciones que regalaban remeras conmemorativas del
cacerolazo.
Ayer por primera vez vi vecinos que festejaban la llegada de más asambleas
aunque sean lejanas y casi desconocidas para ellos y se organizaron los
golpes toscos de las cacerolas atrás de una murga improvisada que le dio un
poco de color al ambiente.
Ayer por primera vez en la historia una señora bien de Barrio Norte aplaudía
la llegada del Bloque Nacional de Piqueteros, aunque los miraba con la misma
cara de sorpresa que a un elefante verde.
Ayer por primera vez hubo un equipo completo de periodistas extranjeros
realmente interesados por las “Brigadas de las sartenes” como tradujeron los
cacerolazos.

Cuando le consulté al camarógrafo alemán porque estaban acá, me dijo que en
Europa tienen los ojos muy puestos en Bs As, que Argentina fue el
laboratorio del Neoliberalismo y que por ello, la reacción de la población
también va a marcar un camino a seguir en otras partes.
Me dijo que esto va a quedar en la historia, que no entiende porque nosotros
mismos no tenemos en cuenta eso.
Me contó que desde lejos esta situación de movilización y asambleas se
compara con el Mayo francés en la escala adecuada.
Y me contó que esto que estamos viviendo se lo vamos a contar a nuestros
nietos y que seguramente se lo vamos a tener que explicar cuando lo estudien
en el colegio.

En síntesis, ¿somos concientes que estamos viviendo la historia?
Vamos a quedar en las páginas de los libros de historia del mundo sin lugar
a dudas.
Y estoy seguro que dentro de no mucho tiempo tus hijos van a leer algo
acerca de los viernes en los que se mezclaba bronca, alegría, arte, política
y reclamo de justicia.

El famoso “No te Metas” ayudó bastante a que estemos en esta situación, ¿no
te parece que es hora de que te metas y vos también seas protagonista de la
historia que van a estudiar tus hijos?

viernes, junio 30, 2006

Escuchando por la ventana (11-04-2001)

Desde chico, mejor dicho, desde que tengo uso de razón y puedo elaborar algún tipo de recuerdo, siempre, pero siempre tuve a Racing en lo más alto de mi escala de valores.
¿Será porque nací en Avellaneda y pasé el noventa y cinco por ciento de mi infancia en el club (el cinco por ciento restante estaba en el colegio) o porque es tan sacrificado ser de la Academia que le encontré esa veta como para pegarme a estos colores?.
Creo que nunca lo supe, ni jamás voy a tener una razón en mis manos que pase al menos cerca de la realidad.
De todos modos creo que es una cosa bastante extraña lo que se siente por el club. No pienso caer en los típicos clishes que hablan de sentimientos inexplicables y otras yerbas. Aunque debo reconocer que tuve un período dentro de mi adolescencia más pura, entre los diecisiete y los diecinueve años, en el que me dedicaba exclusivamente a sobrevivir durante los días de la semana que precedían al domingo.
Estaba hecho un zombie, casi, casi un energúmeno pero, eso sí, nunca fui un barra brava, ni nada semejante. No porque me faltara violencia, ni (como dicen ellos) aguante, sino por el simple hecho que esas actitudes me parecían tan inmaduras como robarse una lata de gaseosa en el medio de la popular.
El fanatismo, por llamarlo de alguna manera, pasa por otro lado.
Yo me alegro tanto cuando casi a la medianoche vuelvo de estudiar y mi abuela me espera todavía despierta para decirme como salió el partido adelantado. Pero debo confesar que me alegra más cuando con su tono chinchudo putea en contra de los tipos esos.
Creo que a ella se le pegó la locura que tenía mi abuelo por el club. A él lo conocía todo el barrio y no había nadie que pudiera hablar mal de él, es más, mucha gente se paraba a charlar con mi abuela, cuando aún era chico y hacía mandados con ella, para saludarla y decirle lo tan parecido que era yo con mi abuelo.
Yo sin conocerlo, me siento tan orgulloso del Tata que cada vez que paso frente a su retrato en el comedor de casa le hablo mentalmente como si él pudiera escucharme, cosa que no dudo que en alguna parte hace con sumo cuidado. Y claro, como no lo iba a escuchar a “su” Pancho, tal como él quería nombrarme al nacer.
Una de las leyendas que llegaron a mis oídos hablan sobre una jugada en un partido donde el Tata jugaba descalzo y no tuvo otra opción que parar al centro forward adversario con una patada con el dedo gordo sobre el tobillo del otro tipo, que terminó revolcado por el piso buscando ponerle fin a su dolor.
¡Qué pena que no pude conocerlo! Hubiese sido genial ir a la cancha con él, pero ahora no me quejo cuando voy con mi viejo, aunque él ya está yendo a la platea de vitalicios hace un tiempo.
Ese creo que es el lazo que me une con el Tata: la relación con mi viejo, pero sobre todo el sentimiento de pertenencia con el club. Eso de no importarte simplemente el resultado del fútbol, sino el estado social del club y de todos los que lo usamos.
No creo que mi hijo, si es que tengo la bendición de tener un primogénito, pueda escapar a estas tres generaciones de enfermedad albiceleste que se expande para los costados con mis hermanos y sus respectivas familias.
La verdad que nunca me puse en el lugar del otro, de aquel que no sabe lo que siento, pero si me detengo un segundo a pensarlo, creo que tienen toda la razón al llamarme loco. Con solo decirte que un lunes de invierno me pase una hora y media en el baño de la oficina simplemente porque desde ahí se podía escuchar la radio que transmitía el partido que había sido postergado por la lluvia del domingo, o aquella vez que volviendo de la facultad y bajo la lluvia grite un gol en el medio de la avenida Corrientes porque pasó un taxi con el volumen del Goooool llegando a mis oídos (lástima que ese era el descuento de un 3 a 1 lapidario en cancha de Estudiantes).
Soy mucho de hacer esas cosas. De no tener ganas de ir a la cancha porque “no me interesa sólo el fútbol” del club, pero después me mato por tratar de averiguar como terminó el partido o cuanto falta para que termine. Realmente no sé que es peor. Si sufrir adentro del estadio o morderme el último rincón del alma tratando de saber lo antes posible como terminó el encuentro.
Realmente, y a modo de síntesis, estoy más que seguro que la relación afectiva que cualquier mortal puede tener con un ente tan abstracto como un club no es más ni menos que la extensión en el tiempo de los lazos que unen a los seres queridos y a aquellos momentos memorables que te roban una sonrisa cuando más lo necesitas. El club es aquello que determina paralelamente como será tu vida en el mundo real.

lunes, junio 26, 2006

Con el mozo como propina (12-02-2001)

Ella era divina, de esos amores que te marcan a fuego, de los que no podés olvidarte jamás.
Y fue tan así que, como no pude olvidarme, después de varios meses sin vernos por decisión suya, la seguí llamando.
Muchos me dijeron que era gastar pólvora en chimangos, pero yo, fiel a mi mismo, seguí sin que me importe demasiado el “Boludo” con el que me tildaban mis amigos y aquellos que sabían de esta historia.
Fueron varias decenas de llamadas y no fueron miles porque muchas se ahogaron antes que el último número se termine de discar.
Muchas veces llamé a escondidas para ver si de esa manera tentaba la suerte y lograba un mísero Si, pero otras ni siquiera se las comentaba a Pablo porque la derrota era humillante.
Me pasaba los días, las noches y madrugadas pensando en ella, en todo lo que viví en tan poco tiempo y en sus oyuelos cuando reía.
Pero bueno, yo si hay algo que siempre supe fue perder, así que cada vez que llamaba desempolvaba el traje de perdedor y me aprestaba a escuchar el ya clásico “y... no sé, cualquier cosa hablamos” que todavía me retumba en los oídos.
Probé de todo. Desde invitaciones al cine, pasando por cafés y hasta viajes a Colonia, pero nunca pude tentarla aunque sea para poderla ver.
Ya super entregado a mi destino terminé yendo de vacaciones a la triste Mar del Plata en lugar del viaje a la Patagonia que tenía planeado hacer con ella.
Mis amigos se la pasaron de joda, encaraban chicas a diestra y siniestra y yo miraba como la arena se me escurría entre los dedos como máxima diversión del verano.
Los días de descanso pasaron lentos, como si fueran más largos que los demás, pero yo seguí firme junto a ese pensamiento absurdo que me hizo discar larga distancia sin éxito en varias ocasiones.
El regreso fue somnífero, casi irreal. De nuevo estaba geográficamente cerca, pero sentimentalmente igual de lejos que antes.
Fue obvio el momento, era cantado que los primeros ocho números que marcaría en Buenos Aires iban a ser los que me hacían escucharla. Y también cayó de maduro su respuesta.
Pero esa vez, no me pregunten porqué, pero tuve una millonésima de segundo de lucidez y le dije “...bueno, yo sigo esperando” como quien acepta su fatal destino sin ganas siquiera de luchar.
Con la voz quebrada ante ese nuevo fracaso, de los cuales ya tendría que estar acostumbrado, me despedí y vi como el tubo del teléfono se aproximaba en cámara lenta sobre la orquilla.
Nuevamente en el mundo real, levanté la cabeza y pude ver como de la nada se me erizó la piel, al tiempo que el frío chillar del teléfono logró helarme la sangre por un instante.
Era ella.
Me dijo que aceptaba la invitación. Objetivamente y viendo la escena desde afuera, la charla sonó como un “Bueno pibe no llores más”, pero a mi me pareció la victoria más resonante de Racing en los últimos diez años.
Obviamente a partir de ese momento quedé hecho un marmota, miraba el reloj cada 3 minutos y fui al baño más veces que en toda la semana.
En una de mis expediciones fisiológicas instintivamente palpé los bolsillos del pantalón y, tal como fue mi costumbre desde siempre, consulté al azar para darme valor.
“¿Esa noche iba a ser buena o mala?” Fue la pregunta lascerante que tiré al viento en el pasillo solitario. Seguidamente revoleé la moneda con destreza, sentí el delicado sonido que emitían sus giros al pasar en su vuelo ascendente frente a mi cara y mientras caía con ayuda de las leyes descubiertas por Newton interrumpí su vuelo con la palma de la mano derecha mirando el cielo, cerré el puño y luego de un giro descubrí la Verdad.
La Casa de Tucumán de esa moneda de cincuenta centavos me dio el soplo de aire fresco que más me recordó a los vientos patagónicos.
Según la divinidad de esa moneda todo iba a estar todo bien en esa noche, por primera vez en mucho tiempo los números impares y las cecas de las monedas me permitían una esperanza.
Sin dudarlo, decidí guardar la moneda y dejar para otra oportunidad la “confirmación” de la respuesta. No sabía que hacer, pero sentía una gran felicidad interior simplemente porque esa moneda cayó de un lado y no del otro.
Como casi siempre acepté que ella pusiera el lugar y la hora. Nos ibamos a encontrar en La Diva de Lanús, en el mismo lugar donde nos conocimos. Yo seguía navegando cual Aladino, pero en una nube de pedo. Estaba colgado por demás y lo peor de todo era que se me notaba demasiado.
Sin dudarlo, fui hasta casa a buscar la Falconeta que nuevamente relucía de gloria, me puse un jean común como para disfrazar la cita como una más, restandole un poco de importancia, y me dispuse a partir hacia Lanús.
En el camino miré el reloj desesperado sin buscar puntualidad, sino esperando que el tiempo pase pronto hasta las ocho de la noche y que se detenga ahí, o al menos que corra con menos vértigo.
Gracias a Dios llegó el momento tan esperado. Después de mucho tiempo volví a ver esos oyuelos con los que soñaba, esas manos que en algún momento ya casi legendario me acariciaron tiernamente. Eran las ocho en punto.
El camino desde la Falconeta hasta La Diva fue una tortura, tenía miedo que todo o que algo saliera mal. Muchas veces más de las necesarias hice un chequeo primario, casi pre-cámbrico diría, buscando que el cierre del pantalón estuviera cerrado.
Después pensé en la caja de alfajores que había llevado como obsequio. No quería que el chocolate se derrita, ni que la bolsa se arrugue, ni que la caja se golpee y mucho menos que se note que los alfajores no eran de Mar del Plata, sino del shopping de Avellaneda.
Cada paso era pensar en una posible tragedia que desencadene en un papelón y consiguiente fracaso después de luchar tanto tiempo por volverla a ver.
Ya adentro de la pizzería el corazón volvió a latir después que palpé el bolsillo y encontré la moneda divina que decidí llevar como amuleto.
Ese mismo corazón agitado me guió, sin miramientos, a la planta alta, donde nos conocimos con ella.
También casi sin pensarlo, mientras subí la escalera dirigí la mirada hacia la mesa que compartimos aquella primera vez, quizás haya sido simplemente para recordar, pero gracias a Dios a medida que pisaba escalones se iba descubriendo su pelo, su mirada, su boca y finalmente sus manos.
Era un sueño, después de tanto tiempo volverla a ver.
Le dije un hola muy casual, casi sin importancia para disimular los nervios y seguidamente le dí los alfajores como había quedado con ella.
Me senté en la mesa que me recordaba irremediablemente a la primera cena con ella, charlamos largo y tendido sobre cosas superfluas como para pasar el rato y llegar al momento de hablar de cosas serias.
Ella tomó una Sprite, yo tuve ganas de salir y caminar de su mano, pero supo mantenerme ahí adentro mientras charlamos sobre pavadas sin importancia.
Ya había pasado un tiempo prudente cuando le pregunté si quería comer algo. Ella eligió rabas y yo una omelette al estilo Sostiene Pereira. Comimos y cuando ya no había más que ingerir busqué el momento propicio para iniciar mi “ofensiva” sentimental.
Créanme que apenas dije algo referido al tema que me hacía transpirar las manos, ella supo sortearlo con maestría. “Cambiemos de tema” dijo fría, sin inmutarse.
Yo resignado volví a mi postura clásica de perdedor. La palma de la mano derecha sostuvo mi cabeza inclinada casi a noventa grados desde la mejilla como las muletas que solía utilizar en sus obras el gran Salvador Dalí.
Seguí escuchando cortesmente para no quedar como un guarro, pero realmente no tenía muchas ganas de seguir allí sentado.
Cuando los relatos sobre las penurias de su trabajo y las alegrías de su sobrina recién nacida terminaron insinué un “¿vamos?” con clásico cabeceo de quien quiere huir de algún lugar incómodo.
Ella aceptó y ahí fue cuando vi un resquicio. Sería un gran momento volver a transitar la avenida Hipólito Yrigoyen con la Falconeta y ella a mi lado. Pero como mi vida, precisamente no esta hecha de esos “grandes momentos” creo que la esperanza me duró doce segundos, hasta que ella se encargó de aclararme que se iba en tren.
Muy delicada como siempre, se excusó para ir hasta el toilette. Apenas quedé solo en la mesa lo primero que pensé fue “¿Esto cuanto me saldrá?” sabiendo que no podía permitir que ella desembolse un solo peso esa noche.
Acto seguido, urgué en mi billetera y encontré unos dieciséis míseros pesos. Palpé mis bolsillos y tenía una moneda de un peso junto con la bendita moneda de cincuenta centavos.
Antes que ella llegue pedí la cuenta para buscar alguna manera de zafar en caso de que la suma a pagar supere mi efectivo disponible.
Ella volvió y logró hipnotizarme nuevamente, detrás de ella llegó el mozo con el papelito y las letras azules de la tradicional caja registradora IBM.
El total ascendía a diecisiete pesos. Por un instante creo que el mundo se paró cuando llegué a leer el uno junto con el siete al pie del pequeño papelucho.
Obviamente saqué la billetera, la dejé vacía y metí la mano en el bolsillo derecho del pantalón. Saqué el peso junto con la moneda que me dio tantas alegrías antes de llegar. Dudé un segundo en el momento de pagar, sería una injusticia abandonar a mi compañera de dos caras. Pero esa fue una muestra más de la paradoja de la vida.
Es tan fácil ilusionarse con cosas simples como encontrar dos monedas de cincuenta centavos en el bolsillo de las propinas de un mozo.

Ya en el andén del eléctrico hacia Glew no aguante más, le pedí disculpas de antemano por hacerla sentir incómoda y le dije una andanada de sentimientos que me aplastaban el corazón contra el espinazo.
“Te extrañé, te extraño y seguramente te seguiré extrañando” le dije, al tiempo que la miraba con cara de perro callejero, sabiendo que no iba a lograr conmoverla.
Lo único que logré fue que el tren llegara aparentemente más rápido que lo de costumbre y que ella se fuera con un beso como si despidiera a un amigo que no ve hace tiempo.



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